Sábado 18 de octubre de 2008
Portillo sostiene que la cancillería “malgasta” 40 millones
de dólares por carecer de un programa de actuación
Siete meses después de haber sido relevado de la dirección del Departamento
20 del Ministerio de Relaciones Exteriores (MRE), Álvaro
Portillo dio a conocer un informe de situación de la cartera, acompañado
por una propuesta de reestructura que asegura haber iniciado
durante su gestión. “Las condiciones están dadas, los obstáculos hoy
son puramente políticos”, dijo a la diaria.
En marzo, cuando Gonzalo Fernández
reemplazó a Reinaldo
Gargano en el MRE, el socialista
Portillo fue sustituido por el blanco José Luis Remedi. Esto tomó por sorpresa al jerarca, que se abstuvo entonces de hacer declaraciones. Remedi ha señalado que “no hubo transición” en la Dirección General para Asuntos Consulares y Vinculación o Departamento 20 (D20), que según Portillo abarca el 70%
del servicio exterior. “Luego de más de dos años de trabajo sistemático en el Área Programática del FA definiendo el programa y la hoja de ruta del futuro gobierno en el MRE, se pudo desarrollar su aplicación en
nuestro caso desde marzo de 2005 hasta marzo de 2008”, subraya en el informe, al que pudo acceder
la diaria, elaborado como contribución al próximo programa frenteamplista. “Eso fue lo que me tocó
a mí, [sobre] lo que vino después de mí no emito juicio. El compromiso que yo asumí era para los cinco años de gestión. No sé qué tanto lo cumplirán los compañeros que están
ahora a cargo de la tarea, pero están comprometidos a hacerlo”, comentó a este medio. En el escrito, fechado en junio, Portillo afirma que hoy el MRE es un “ámbito gubernamental con formas
y funciones para otra época y al servicio de otras estrategias políticas”, y que “la estructura y el funcionamiento actual del servicio exterior no favorecen” a la inserción internacional
de Uruguay. El ex director sostiene que, si bien “se trató de
efectivizar una presencia” de nuestro país en el extranjero, “lo fundamental
fue estar ahí para atender posibles requerimientos permanentes o circunstanciales, pero sin una misión
proactiva” hacia los demás países y sus sociedades.
En ese sentido, critica la existencia de 42 funcionarios jefes de misión, que se encuentran en el
exterior cobrando un salario de 10.000 dólares mensuales más beneficios, como el pago de la vivienda.
“¿Puede un país como el nuestro hacerse cargo de estas jugosas remuneraciones con tan pobres
retornos?”, cuestiona Portillo. “Este servicio exterior creció aluvionalmente y no se han hecho evaluaciones serias acerca del fundamento concreto de la existencia de cada oficina. La inercia predominante es mantener cuantas más oficinas sea posible a efectos de garantizar mayores oportunidades laborales
en el servicio exterior”, opina. El ex jerarca dijo a la diaria
que durante su gestión comenzó “a experimentar una cantidad de cosas” que formaban parte de su
propuesta de reestructura, “como el cierre de oficinas innecesarias”.
Su idea era “disminuir significativamente las representaciones diplomáticas [en el exterior], reduciéndolas
a aquellas situaciones en las que existen objetivos muy claros a desempeñar en el país anfitrión”; promover económica y culturalmente a Uruguay en el mundo, con el aporte de los compatriotas residentes en el exterior; y mejorar el servicio consular.
Según piensa, “desde el punto de vista de la ingeniería institucional” esos cambios son “perfectamente
realizables mañana, por supuesto que de forma gradual”, pero hoy los “hacen difíciles obstáculos puramente políticos de muy diversa naturaleza” dentro de la estructura de la cancillería.
“¿Puede Uruguay malgastar 40 millones de dólares, producto de una inercia histórica, al servicio de
un conjunto de privilegiados funcionarios que se benefician de esos recursos?”, pregunta en el documento,
y denuncia “fuertes desigualdades en materia de ingresos de sus funcionarios”, incluyendo a algunos que trabajan sin “ningún justificativo”. “Detrás de eso hay un tema conceptual muy serio que opera en el MRE, y es que [sus acciones] no están acompañadas de un plan ni de un programa de actuación concreta
con evaluación”, resumió en conversación con la diaria.
Asimismo, critica que la estructura jerárquica, si bien puede facilitar la ejecución de tareas, entorpece
el trabajo en equipo y alimenta “cierta actitud reverencial hacia la autoridad que no permite
un buen desarrollo institucional”. “No se dan condiciones para alentar la creatividad personal y de
equipo [ni] la circulación abierta de la información, existe una obsesión por el secreto [y] hay serias
dificultades para la transversalidad del funcionamiento a efectos de hacer posible complementariedades
y respuestas integrales”, enumera.
El informe concluye expresando que los cambios que propone son posibles “siempre y cuando
exista un equipo político de conducción que de manera coherente y debidamente sincronizada impulse el proceso”, que “no es tarea para personas aisladas ni para viejos funcionarios”. ■
Lourdes Rodríguez
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